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Jean Gaston Bardet 

El GÉNESIS, Sinfonía Trinitaria en Doce Secuencias                 siguiente

La estructura trinitaria de las Pharashym -que llamaremos secuencias- salta a la vista. Se percibe muy rápido que el Génesis se compone de cuatro ternarios emparentados con el Padre, el Hijo y las dos espiraciones del Espíritu de Amor. En el interior de estos ternarios, cada secuencia está, a su vez, emparentada al Padre, al Hijo y al Espíritu. San Ireneo, padre de la Teología, no verá otro plan posible, que el plan trinitario para sus dos célebres obras. Nuestro Credo -en el cual se resume todo el cristianismo- tampoco tiene otro plan.

El primer ternario del Génesis agrupa tres comienzos bien caracterizados: el del mundo y los adamitas, el de los noecitas y finalmente el de la posteridad elegida de Abraham: ellos son los primeros padres.

El segundo ternario agrupa tres secuencias anunciadoras del Hijo del Hombre. En la primera, Elohim aparece bajo la forma de tres hombres; la segunda trata de la tumba de los patriarcas: prefiguración del sepulcro; la tercera trata de la genealogía de Isaac, la víctima de la primera secuencia

El tercer ternario no podría explicar mejor el carácter del Espíritu Santo, su movilidad

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bajo sus tres formas trinitarias: El partió... (comienzo); El envió... (el Hijo); El habitó... (en nosotros). El redoblamiento de los actos del tercer ternario en el cuarto ternario es sorprendente... y más aún si se observan las palabras hebreas y la estructura de las secuencias.

Mucho antes de comenzar con el nacimiento humano de un personaje, cada ternario inicia por una irrupción de lo sobrenatural: (P) Visión de la creación por Moisés el inspirado. Es una visión intelectual y de ningún modo imaginativa, como en los libros llamados proféticos. Nótese su simplicidad, su precisión, su concisión. (H) Aparición de Mamré. Caso muy raro de apariciones exteriores tomando una forma humana. Aquí Dios se muestra "en lo más caliente del día" a Abraham. (E) Los dos "sueños" aprovechan los sueños de Jacob y de Faraón para irrumpir en su imaginación sensible.

Santo Tomás (Summa IIa-IIae, Q.173, A.2) ha destacado la diferencia entre las "ideas impresas" en el espíritu del profeta como en Salomón, las "formas sensibles exteriores" que impactan el sentido común en el caso de David, y las "formas imaginativas" que requieren la abstracción de los sentidos, imperfectas como cuando se está profundamente absorto, o perfecta en el sueño como en Jeremías. Nosotros sabemos que la diferencia corresponde a los tres modos de comunicación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.